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Papa, FAO: dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta

(RV).- Esta mañana el Papa Francisco dirigió un discurso a la Sala Plenaria de la FAO, reunidos en ocasión de la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2), evento organizado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con el Equipo de tareas de alto nivel sobre la crisis mundial de la seguridad alimentaria (HLTF, por sus siglas en inglés, FIDA, IFPRI, UNESCO, UNICEF, Banco Mundial, PMA y la OMC).
Este evento reúne a numerosos jefes de estado y de gobierno, a responsables nacionales de las políticas del sector agrícola, sanitario y otros ministerios y organismos relevantes, asimismo a dirigentes de organismos de las Naciones Unidas y otras organizaciones intergubernamentales y la sociedad civil.
En este marco el Santo Padre resaltó la finalidad de este evento, señalando que es importante «estudiar juntos las formas de intervención para asegurar la nutrición, así como los cambios necesarios que se han de aportar a las estrategias actuales». En este sentido el Papa dijo que «la Iglesia, como ustedes saben, siempre trata de estar atenta y solícita respecto a todo lo que se refiere al bienestar espiritual y material de las personas, ante todo de los que viven marginados y son excluidos, para que se garanticen su seguridad y su dignidad».
“Vivimos en una época – señalo el Pontífice – en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido”. En esta perspectiva, espero que, en la formulación de dichos compromisos, afirmó el Papa Francisco, los Estados se inspiren en la convicción de que el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición.
Frente a estos problemas Francisco exhortó a los líderes de gobierno a buscar la justicia de modo concreto y no solo teórico, “las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva”.
Recordando a su predecesor, el santo Papa Juan Pablo II, que intervino en la inauguración de la Primera Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad internacional ante el riesgo de la «paradoja de la abundancia»: hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos. Por desgracia, dijo el Obispo de Roma, esta «paradoja» sigue siendo actual.
En su discurso el Papa Francisco señaló que la falta de solidaridad es otro reto que la Asamblea debería afrontar. “El segundo reto que se debe afrontar es la falta de solidaridad. Nuestras sociedades se caracterizan por un creciente individualismo y por la división; esto termina privando a los más débiles de una vida digna y provocando revueltas contra las instituciones. Cuando falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo. En efecto, la solidaridad es la actitud que hace a las personas capaces de salir al encuentro del otro y fundar sus relaciones mutuas en ese sentimiento de hermandad que va más allá de las diferencias y los límites, e impulsa a buscar juntos el bien común”. En este sentido, en la medida que los seres humanos, toman conciencia de ser parte responsable del designio de la creación, dijo el Papa, se hacen capaces de respetarse recíprocamente, en lugar de combatir entre sí, dañando y empobreciendo el planeta.
Finalmente el Pontífice recordó que es tarea de todo Estado estar atentos al bienestar de sus ciudadanos, suscribirlas sin reservas, y preocuparse de su aplicación. En esta tarea, la Iglesia Católica trata de ofrecer también su propia contribución, mediante una atención constante a la vida de los pobres en todas las partes del planeta; en esta misma línea se mueve la implicación activa de la Santa Sede en las organizaciones internacionales y con sus múltiples documentos y declaraciones. De este modo señaló el Obispo de Roma, “Se pretende de este modo contribuir a identificar y asumir los criterios que debe cumplir el desarrollo de un sistema internacional ecuánime. Son criterios que, en el plano ético, se basan en pilares como la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad; al mismo tiempo, en el campo jurídico, estos mismos criterios incluyen la relación entre el derecho a la alimentación y el derecho a la vida y a una existencia digna, el derecho a ser protegidos por la ley, no siempre cercana a la realidad de quien pasa hambre, y la obligación moral de compartir la riqueza económica del mundo”.
El Santo Padre concluyó su intervención en la Conferencia Internacional invocando el auxilio divino para afrontar estos retos y tareas. “Pido al Todopoderoso, al Dios rico en misericordia, que bendiga a todos los que, con diferentes responsabilidades, se ponen al servicio de los que pasan hambre y saben atenderlos con gestos concretos de cercanía. Ruego también para que la comunidad internacional sepa escuchar el llamado de esta Conferencia y lo considere una expresión de la común conciencia de la humanidad: dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta. Gracias”.
(Renato Martínez – RV)
TEXTO COMPLETO DEL DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PAPA FRANCISCO
Señor Presidente,
Señoras y Señores
Con sentido de respeto y aprecio, me presento hoy aquí, en la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición. Le agradezco, señor Presidente, la calurosa acogida y las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Saludo cordialmente al Director General de la FAO, el Prof. José Graziano da Silva, y a la Directora General de la OMS, la Dra. Margaret Chan, y me alegra su decisión de reunir en esta Conferencia a representantes de Estados, instituciones internacionales, organizaciones de la sociedad civil, del mundo de la agricultura y del sector privado, con el fin de estudiar juntos las formas de intervención para asegurar la nutrición, así como los cambios necesarios que se han de aportar a las estrategias actuales. La total unidad de propósitos y de obras, pero sobre todo el espíritu de hermandad, pueden ser decisivos para soluciones adecuadas. La Iglesia, como ustedes saben, siempre trata de estar atenta y solícita respecto a todo lo que se refiere al bienestar espiritual y material de las personas, ante todo de los que viven marginados y son excluidos, para que se garanticen su seguridad y su dignidad.
1. Los destinos de cada nación están más que nunca enlazados entre sí, al igual que los miembros de una misma familia, que dependen los unos de los otros. Pero vivimos en una época en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido. Lo sabe bien quien carece del pan cotidiano y de un trabajo decente. Este es el cuadro del mundo, en el que se han de reconocer los límites de planteamientos basados en la soberanía de cada uno de los Estados, entendida como absoluta, y en los intereses nacionales, condicionados frecuentemente por reducidos grupos de poder. Lo explica bien la lectura de la agenda de trabajo de ustedes para elaborar nuevas normas y mayores compromisos para nutrir al mundo. En esta perspectiva, espero que, en la formulación de dichos compromisos, los Estados se inspiren en la convicción de que el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición.
Hoy día se habla mucho de derechos, olvidando con frecuencia los deberes; tal vez nos hemos preocupado demasiado poco de los que pasan hambre. Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la «prioridad del mercado» y por la «preminencia de la ganancia», que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera. Y mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna.
2. Estos criterios no pueden permanecer en el limbo de la teoría. Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva. Por tanto, los planes de desarrollo y la labor de las organizaciones internacionales deberían tener en cuenta el deseo, tan frecuente entre la gente común, de ver que se respetan en todas las circunstancias los derechos fundamentales de la persona humana y, en nuestro caso, la persona con hambre. Cuando eso suceda, también las intervenciones humanitarias, las operaciones urgentes de ayuda o de desarrollo – el verdadero, el integral desarrollo – tendrán mayor impulso y darán los frutos deseados.
3. El interés por la producción, la disponibilidad de alimentos y el acceso a ellos, el cambio climático, el comercio agrícola, deben ciertamente inspirar las reglas y las medidas técnicas, pero la primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia. El santo Papa Juan Pablo II, en la inauguración en esta sala de la Primera Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad internacional ante el riesgo de la «paradoja de la abundancia»: hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos. Esta es la paradoja. Por desgracia, esta «paradoja» sigue siendo actual. Hay pocos temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo lastimero a la crisis económica. Este es el primer reto que se ha de superar.
El segundo reto que se debe afrontar es la falta de solidaridad, una palabra que tenemos la sospecha que inconscientemente la queremos sacar del diccionario. Nuestras sociedades se caracterizan por un creciente individualismo y por la división; esto termina privando a los más débiles de una vida digna y provocando revueltas contra las instituciones. Cuando falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo. En efecto, la solidaridad es la actitud que hace a las personas capaces de salir al encuentro del otro y fundar sus relaciones mutuas en ese sentimiento de hermandad que va más allá de las diferencias y los límites, e impulsa a buscar juntos el bien común.
Los seres humanos, en la medida en que toman conciencia de ser parte responsable del designio de la creación, se hacen capaces de respetarse recíprocamente, en lugar de combatir entre sí, dañando y empobreciendo el planeta. También a los Estados, concebidos como una comunidad de personas y de pueblos, se les pide que actúen de común acuerdo, que estén dispuestos a ayudarse unos a otros mediante los principios y normas que el derecho internacional pone a su disposición. Una fuente inagotable de inspiración es la ley natural, inscrita en el corazón humano, que habla un lenguaje que todos pueden entender: amor, justicia, paz, elementos inseparables entre sí. Como las personas, también los Estados y las instituciones internacionales están llamados a acoger y cultivar estos valores: amor, justicia, paz. Y hacerlo en un espíritu de diálogo y escucha recíproca. De este modo, el objetivo de nutrir a la familia humana se hace factible.
4. Cada mujer, hombre, niño, anciano, debe poder contar en todas partes con estas garantías. Y es deber de todo Estado, atento al bienestar de sus ciudadanos, suscribirlas sin reservas, y preocuparse de su aplicación. Esto requiere perseverancia y apoyo. La Iglesia Católica trata de ofrecer también en este campo su propia contribución, mediante una atención constante a la vida de los pobres, de los necesitados, en todas las partes del planeta; en esta misma línea se mueve la implicación activa de la Santa Sede en las organizaciones internacionales y con sus múltiples documentos y declaraciones. Se pretende de este modo contribuir a identificar y asumir los criterios que debe cumplir el desarrollo de un sistema internacional ecuánime. Son criterios que, en el plano ético, se basan en pilares como la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad; al mismo tiempo, en el campo jurídico, estos mismos criterios incluyen la relación entre el derecho a la alimentación y el derecho a la vida y a una existencia digna, el derecho a ser protegidos por la ley, no siempre cercana a la realidad de quien pasa hambre, y la obligación moral de compartir la riqueza económica del mundo.
Si se cree en el principio de la unidad de la familia humana, fundado en la paternidad de Dios Creador, y en la hermandad de los seres humanos, ninguna forma de presión política o económica que se sirva de la disponibilidad de alimentos puede ser aceptable. Presión política y económica, aquí pienso en nuestra hermana y madre tierra, en el planeta, si somos libres de presiones políticas y económicas para cuidarlo, para evitar que se autodestruya. Tenemos adelante Perú y Francia, dos conferencias que nos desafían, cuidar el planeta. Recuerdo una frase que escuché de un anciano hace muchos años, Dios siempre perdona las ofensas, los maltratos, Dios siempre perdona; los hombres perdonamos a veces, la tierra no perdona nunca. Cuidar a la hermana tierra, la madre tierra para que no responda con la destrucción. Pero, por encima de todo, ningún sistema de discriminación, de hecho o de derecho, vinculado a la capacidad de acceso al mercado de los alimentos, debe ser tomado como modelo de las actuaciones internacionales que se proponen eliminar el hambre.
Al compartir estas reflexiones con ustedes, pido al Todopoderoso, al Dios rico en misericordia, que bendiga a todos los que, con diferentes responsabilidades, se ponen al servicio de los que pasan hambre y saben atenderlos con gestos concretos de cercanía. Ruego también para que la comunidad internacional sepa escuchar el llamado de esta Conferencia y lo considere una expresión de la común conciencia de la humanidad: dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta. Gracias.
Fuente: http://es.radiovaticana.va/news/2014/11/20/papa,_dar_de_comer_a_los_hambrientos_para_salvar_el_planeta/1111719
Iglesia
Misa OMI hoy en la Capilla Pai Puku

El domingo 23.2.2025 se celebró la Misa OMI del mes de febrero en la capilla del Centro espiritual Pa’i Puku sobre el km 28 de la Ruta Transchaco. Vino una vez más el P. Oscar Vera OMI, Director del Escolasticado de los Oblatos de Asunción, y bastante amigos y amigas de Pa’i Puku, aún hubo al mismo tiempo el sepelio del cuñado de nuestro compañero Isidoro Pedrozo en Villa Hayes!
Transmitió esta misa como siempre el Dr. Luis Ibáñez para la Radio Pai Puku – gracias por este servicio especial!
Y un preaviso: la Misa OMI del marzo 2025, lo que es el domingo 30.3.2025, va a celebrar el P. MigueL Fritz OMI, el Administrador Apostólico del Pilcomayo!
FUENTE: Novedades
Iglesia
En plaza de San Pedro oración del Rosario por la salud del Santo Padre

Vatican News
Unido a múltiples manifestaciones de cercanía y oración por la salud el Papa Francisco que se realizan en todo el mundo. También la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha dado a conocer que a partir de este lunes, 24 de febrero, en la plaza de San Pedro “recogiendo el sentir del Pueblo de Dios” se rezará el santo rosario. La oración la preside hoy el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.
“A partir de esta tarde -dice el comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede-, los cardenales residentes en Roma, con todos los colaboradores de la Curia Romana y de la diócesis de Roma, recogiendo el sentir del Pueblo de Dios, se reunirán en la plaza de San Pedro, a las 21 horas, para el rezo del Santo Rosario por la salud del Santo Padre. La oración de hoy estará presidida por Su Eminencia el Card. Secretario de Estado, Pietro Parolin”.
El cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, presidirá el rezo del rosario en la plaza de San Pedro esta noche a las 21.00 horas. «Una manera de manifestar la cercanía de la Iglesia al Papa y a los enfermos», subrayó el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.
En su boletín matutino sobre la salud el Papa, la Oficina de Prensa del Vaticano había informado que «la noche ha transcurrido bien, el Papa ha dormido y está descansando». Tras despertarse esta mañana, el Papa continuó su tratamiento. El estado de ánimo es bueno.
La oración del Santo Rosario será transmitida hoy en directo a través del portal de Vatican News, y sus canales de YouTube y Facebook
FUENTE: En plaza de San Pedro oración del Rosario por la salud del Santo Padre – Vatican News
Iglesia
Primera Misa OMI del año 2025 hoy con el P. Rafael Tende Tende OMI

26.1.2025: Misa OMI con el P. Rafael Tende Tende OMI
Escucha la Santa Misa completa.

Primera Misa OMI del año 2025 hoy con el P. Rafael Tende Tende OMI
Este domingo 26.1.2025 vino para celebrar la mensual Misa OMI en el Centro Espiritual Pai Puku el P. Rafael Tende Tende OMI, el Rector de la Casa central de los Oblatos en Asunción.
Para la música contribuyó una vez más nuestro compañero Rito Pedersen, el compositor del himno a Pa’i Puku.
Al final de esta misa, todos los amigos y amigas presentes de Pa’i Puku rezaron juntos la oración para su pronta beatificación!
Transmitió esta Misa OMI como siempre la Radio Pai Puku en vivo y directo, esta vez con el Director Hugo Enrique Díaz.
Gracias a todos los participantes por mostrar de nuevo vuestro apoyo para la Causa de Pa’i Puku!



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