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COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CEP

CON RELACIÓN A LOS PROYECTOS DE “DESBLOQUEO DE  LISTAS SÁBANA” QUE SERÁN TRATADOS POR EL CONGRESO NACIONAL

¿QUÉ VALORES ORIENTAN NUESTRA DEMOCRACIA?

Este jueves 25 de abril se discutirá en el Congreso Nacional la posibilidad de modificar la Ley Electoral en lo referente a la forma de presentación de las listas de candidatos para cargos electivos, entre otros.

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El tema es complejo y delicado, motivo por el cual es necesario un debate reflexivo, serio, responsable y objetivo de los líderes políticos, en diálogo con la sociedad, a través de sus diversos espacios de organización, representación y participación.

En la sociedad existe una coincidencia creciente: el objetivo es mejorar la calidad de la representación política en los órganos de poder por medio de la participación ciudadana en la selección de los mejores, teniendo la posibilidad de elegir y no solamente de votar listas preestablecidas, cerradas y bloqueadas.

Una de las alternativas de construir ciudadanía para mejorar el sistema democrático es, justamente, seguir procesos de un amplio debate y consenso sobre el tema de la reforma electoral, en general; y el desbloqueo de las listas cerradas en particular, que debe promoverse en los distintos sectores de la sociedad.

Frente a los diversos proyectos que se pondrán a consideración de los senadores y diputados de la Nación, queremos subrayar algunas reflexiones a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia que podrían orientar el debate y las decisiones que se adopten.

  1. El objetivo es una democracia efectivamente participativa y representativa, pero basada en la promoción y respeto de los derechos humanos (Documento de Aparecida, N° 74), enmarcada en el equilibrio de los tres poderes del Estado, que sea representativa de valores sociales y ejemplo de honestidad en sus procedimientos y que garantice estabilidad y paz social. No basta una democracia puramente formal, fundada en la limpieza de los procedimientos electorales.

En este sentido, invitamos a reflexionar si, detrás de la iniciativa del cambio formal de las reglas, ¿existe una aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona humana, el respeto a los derechos humanos, la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política? ¿Se busca garantizar la justicia, la estabilidad y la paz social, el recto uso del poder?

  1. La cualidad moral de la democracia es definida por los fines que persigue y por los medios de que se sirve (cfr. CDSI, 407). La democracia es un instrumento, no un fin. Es fundamentalmente “un ordenamiento” que debe servir desde la representación y la participación en libertad y responsabilidad compartida, a valores más altos.

En ese afán, como estado, gobierno, instituciones y ciudadanos de bien; tenemos el imperativo de proyectar la mirada de manera mucho más amplia y abarcante en pos de una reforma electoral profunda. Es decir, preguntarnos: ¿Tenemos un sistema electoral que permite una participación libre, responsable y transparente de la ciudadanía en las elecciones?, ¿El sistema electoral garantiza una verdadera igualdad de participación de los partidos políticos y movimientos?, ¿Están reguladas las encuestas y la propaganda electoral acorde a las exigencias de un verdadero sistema democrático?, ¿Existe la posibilidad de fortalecer la institucionalización del proceso eleccionario sin injerencias de sectores que podrían inducir al voto en el momento del escrutinio?

  1. La democracia no se limita a los tiempos electorales ni a los mecanismos formales de elección. Está fundada sobre la participación libre, respetuosa y responsable de toda la ciudadanía. El ejercicio electoral involucra a aquellos que la ley define aptos para emitir su voto. También aquellos, que no pueden participar activamente en los comicios, son sujetos de la democracia.

Sobre este aspecto, invitamos a la ciudadanía a reflexionar en cuanto a su contribución efectiva para profundizar en la democracia como un estilo de vida: ¿Estamos participando en iniciativas “de base” (en el barrio, la escuela, los servicios públicos, los gremios, las asociaciones, etc.) aportando nuestra contribución para el bien común y la justicia social? ¿Estamos renunciando a todo tipo de “mesianismos” y “radicalismos” para elegir una participación activa, creativa, adulta, pacífica, constructora de alianzas y puentes? ¿Por qué la participación en las mismas elecciones va bajando? (Cfr. CDSI, 406). Necesitamos pasar de una democracia meramente formal, electoral, a una democracia como estilo de vida y de ejercicio de la política para la consecución del bien común.

En consecuencia, exhortamos a los líderes políticos que reflexionen serena y honestamente sobre las motivaciones y los valores que orientan sus decisiones, para legislar con responsabilidad, orientados al fortalecimiento de las instituciones democráticas con el fin de promover el bien común de la sociedad y el respeto irrestricto a los derechos humanos. Invitamos a todos, en especial a los cristianos comprometidos, a hacer un aporte significativo en el fortalecimiento de la credibilidad y estabilidad de las instituciones, que sostienen la convivencia en democracia, en paz y en justicia, garantizando la libertad y el acceso al bienestar que todos necesitan.

Asunción, 24 de abril de 2019

PRESIDENCIA DE LA CEP

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